jueves 1 de septiembre de 2011

jueves 27 de mayo de 2010

El lugar predilecto de Alberto Knox`s

El joven Walter no sabía qué hacer con su vida, entre otras cosas, porque en la pulcra mansión donde moraba, salían billetes hasta por las hendijas del parqué.


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lunes 1 de febrero de 2010

El Cucú




Melva, la morocha, ajustó un antiguo reloj de Cucú y se prometió que, al momento en que agote su cuerda, ella será quien nunca fue...

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jueves 7 de enero de 2010

El Aponeurótico

La declaración de R. F., carnicero de profesión y poeta de vocación, quien sobrevivió a un cautiverio de quince meses obligado a extraer las fascias de los músculos por un sujeto dotado de una mente execrable, pérfida y cristiana...


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miércoles 4 de noviembre de 2009

jueves 15 de octubre de 2009

jueves 8 de octubre de 2009

martes 29 de septiembre de 2009

jueves 24 de septiembre de 2009

sábado 19 de septiembre de 2009

Fue abducido Reno Liatti

Lo chuparon en la madrugada de ayer. Se presume que fueron seres de Hercólubus, un planeta ficticio que se acerca cada 6000 años. Otros dicen de haberlo visto en las inmediaciones de Almagro, donde habrían portales intramundo. Nula preocupación de la gente.

BUENOS AIRES.- El escriba R.L. fue succionado a las 3.42 AM, después de varias medidas de 100Pipers, en la esquina de Perón y Mario Bravo, ante la atónita mirada de dos mexicanas zapatistas y una sueca despampanante. El hecho no habría causado ninguna conmoción en las huestes del Teatro Fray Mocho, ni entre los parroquianos de la Tanguería. Bela, el Cantor, fue el último en saludarlo antes de la abducción. "Me había comentado que esta noche lo iban a mamar o algo así", declaró Bela en voz baja a unos amigos.

El blog cuentosparalimar.blogspot.com ha quedado sin autor. Los derechos fueron adquiridos por Reynaldo Revagliatti, empresario remador quien está armando su propio multimedio, acorde a los tiempos que ya llegaron.

El columnista Queso tiene asegurado su puesto de trabajo.

Gracias, visitantes lectores que se fumaron los largos cuentos de esta página.


CARLOS ARMANDO LIMAR-BELLIDO & FATÌDICO, desde el 5º piso del IMPA.

martes 1 de septiembre de 2009

Duelo de Gauchos con WI-FI

Fuentes El Cebador

Rudesindo Fuentes tenía una barba larguísima y poblada de interrogantes. Pero aquella tarde de domingo, en su rancho de Pompeya, uno en particular lo arremetió sin pausa: “Ay, qué será de nosotros... qué será...” No precisaba la rima del buen poeta, ni estilo que a la payada le propina el mejor cantor. Porque nunca se lavó la yerba de este cristiano, al que no por nada en la Zabaleta le llamaban así, sin más, El Cebador.

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miércoles 26 de agosto de 2009

A favor:



En contra:

Queso, melancolía y despenalización

Por El Queso

Como es de público conocimiento, la Corte Suprema de Justicia falló a favor de la despenalización de la Marihuana para consumo, fallo controversial que llevó a los indecisos a tomar un lunes; a los titubeantes a probar la cerveza roja y a los duros de siempre… nada les cambió, porque venían puestos del domingo y cuando se conoció el veredicto, estaban prometiendo que sería la última vez que intercambiaban el nebulizador del nene por verse pujantes y seguros de sí.

Los que se mostraron más seguros fueron algunos jóvenes ayunos de vivencias sociales que no sabían bien si la Marihuana se fuma, se aspira, se expira, se lame o si el solo hecho de pronunciarla causa efectos alucinógenos que llevan indefectiblemente a darle muerte al primer transeúnte que pase ya sea una anciana, un niño scout, la Cenicienta o un joven que trabaja para ayudar a su madre y estudia por las noches mientras que los domingos enseña a un grupo de ciegos a jugar al vóley.

Estos últimos jóvenes (de los cuales no haremos mas alusión) se enojaron muchísimo con el fallo, pero no les daremos más trascendencia ya que no esperábamos otra cosa de ellos, solo que desde aquí les mandamos un fuerza mis valientes!


La gran pregunta que nos hacemos como cada vez que miramos un noticiero es... ¿Qué quiere decir que se despenaliza la Marihuana? Los más frescos dirán que ahora se vende en las cadenas de supermercados con el 15% los miércoles y con tarjeta… NOOOOO! Los que suelen saber todo, dirán “ahora si tenes 32 gr. el policía no te puede llevar” NOOOO!!

Los que no sabemos nunca nada, pero tal vez más cerca estamos de la realidad, consideramos que en lenguaje técnico la policía va a romper menos la paciencia en una de esas y acá se acaba la consideración.

Pero la realidad es que todo cambio nos lleva a un dolor por lo que se va, como cuando nuestra chica se subía en un coche mientras nos dábamos cuenta que las monedas nos alcanzaban justo para dos pasajes en el Veinticuatro que va para Avellaneda pero tarda muchísimo y si vas a ver a Racing es mejor tomarte dos colectivos, o colectivo y tren.

Existe ahora un vacío tal vez que puede quedar en el lunfardo popular y que es el tema central de estos escritos que trata de cuantas frases pueden quedar en el olvido.. dado que la intriga es: ¿Qué pasará cuando vengan los azules?

¿Quedarán desterradas las frases que nos alertan de la llegada de los mismos?

El listado de frases que se despliega a continuación deberá ser completado por lectores que recuerden situaciones similares y comentarios efectuados por presentes, se les pide a los mismos comentar sin hacer nombres de quienes son las frases escuchadas en sus barrios esquinas o mitades de cuadra cuando el personal de las fuerza se aproxima. Empezaremos con estas, a modo de ejemplo:

“Descartá Luis, que viene la gorra” (Lugano 1984)
“La lancha Pa, soltalo!” (Colegiales 1996)
“Cometelo, dale ya fue” (Chacarita 2003)
“Metelo en las bolas gordo” (San Cristóbal 1998)
“Viene la truya, tiralo a la zanja despacio, uy dobló” (Palermo 2005)
“Che ese Duna, ¿son? Uh lo tiraste al pedo” (Caballito 2001)
“Ahí vienen los muchachos, ponelo en el escalón, ya fue te re vieron” (Villa Real 2008)
“Viene la gorra pero sigan hablando, dale que ni se dan cuenta, uh frenaron” (Floresta 2009)

sábado 15 de agosto de 2009

jueves 13 de agosto de 2009

Salmo de Mailer Daemon

Ya en ese tiempo los clientes bancarios tenían cubiertas sus necesidades, por lo tanto, era una hidalguía rehusarse al abono de tres megas. Ya en ese tiempo, conectarse era muy barato, pero hacerlo implicaba aceptar reglas exóticas.

Lo sabía Fidel Cáceres, para quien la velocidad era un destino prefijado.

Mas su ordenador desconectado presagió dificultad para avanzar sobre autopistas bacheadas con cemento blanco. Y resolvió acercarse hasta el Palé de Glass, único cybercafé con una red increíblemente rápida, donde las demoras no irían a molestarlo.

Lo sabía Fidel Cáceres, para quien la velocidad era un destino prefijado.

Pidió una máquina apenas pisado el Palé y se sintió deleitado, porque las demoras no irían a molestarlo.

Lo sabía Fidel Cáceres, para quien la velocidad era un destino prefijado.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno. Colocó el usuario, la contraseña y el mensajero abrió rápido. Y Fidel Cáceres comprendió el costo de sentirse deleitado, porque las demoras no irían a molestarlo.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno.

Cuando la barra de carga del navegador se detuvo en la mitad. Dos minutos tardó, y recién después, pudo ver la pantalla de bienvenida en el mensajero. Cliqueó sobre el sobre y entró al correo caliente. Pretendió entrar al correo caliente, porque la ventana abrió, pero permaneció en blanco; un rato.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno.

Muy despacio, apareció la barra de tareas y Fidel Cáceres se lamentó de no comprender antes el costo de sentirse deleitado. Desató el furor de sus dedos sobre el teclado y finalizó el cuerpo de una extensa invitación.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno.

Cliqueaba en enviar cuando irrumpió un mensaje de error y la pantalla quedó blanca, un momento. Tardó en actualizar… pero lo hizo, mostrando una exitosa confirmación de envío.

Lo sabía Fidel Cáceres, para quien la velocidad era un destino prefijado.

Exhaló profundamente y observó a su alrededor: en el Palé todo era diáfano. Y aliviado volvió a la bandeja de entrada.

Lo sabía Fidel Cáceres, para quien la velocidad era un destino prefijado.

Cuando una ventana asomó desde el córner, avisando de un correo entrante:

Mailer Daemon.

Y el blanco de sus ojos enrojeció y su mandíbula hizo tope en el fondo de la quijada.

Undisclosed recipient.

Y todo el Palé de Glass giró sobre el rostro de Fidel Cáceres, quien notó no podía despegar su mano del mouse y con la izquierda tuvo que hacer desmedido esfuerzo para llegar al Control y Alt.

Mailer Daemon.

Y en los cubículos vecinos otros usuarios colgaban de sus auriculares antes de ser centrifugados, cuando la boca de Fidel Cáceres tan abierta con las cejas traspasando su frente y la punta de su nariz se pegaron al monitor.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno.

Y la cabeza de Fidel Cáceres giró vertical sobre el cuello, en dirección contraria a los vientos que azotaban el Palé, usando de eje su nariz, mientras subestimaba el costo de sentirse deleitado, porque las demoras no irían a molestarlo.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno.

Y Fidel Cáceres creyó que no irían a molestarlo, pero las demoras estaban allí, corporizadas en el monitor como abonados de tres megas. Ellos, sus colegas, no recibieron el mensaje, ¡mas de todos modos no se desalentó y se puso a redactar nueva, rápida y frenéticamente un nuevo correo!

Lo sabía Fidel Cáceres, para quien la velocidad era un destino prefijado.


Y regresó a Nuevo Correo asegurándose que estén correctas todas las direcciones. En verdad pretendió redactar otra vez el mensaje, porque el Palé adquirió un tono anaranjado, y la barra de carga del explorador se detuvo para siempre en la mitad, en los arrabales del plasma que Fidel Cáceres vio como a través de un lente de vídeo, donde los fotogramas fueron más veloces que la bajada de información catódica.

Quería organizar para sus colegas un asado al horno.

Y Fidel Cáceres pagó la máquina y no le alcanzó para arrepentirse de haberse lamentado de no comprender antes el costo de sentirse deleitado, que esa tarde no irían a molestarlo, menos corporizados en demoras.

Con su nuevo abono de 512 K, pudo organizarlo.

miércoles 15 de julio de 2009

Las escaleras imperfectas

Ejercitar sus muñecas es lo primero que hace Miguelito Timborato cuando se levanta. Nunca perdió una partida de generala y sabe cómo mantener el invicto. Èse estilo, èsa velocidad para maniobrar el cubilete no es cosa de novatos, y sabe que no puede dejarse estar.


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martes 2 de junio de 2009

En Boedo se hizo justicia

Por El Queso


Lunes 6 de septiembre de 2038



Se dio a conocer por los medios que, mediante la resolución 125/38, desde el día 1º de enero fue prohibida la venta con descuento y el famoso regateo en la venta al por menor. Ésta es una medida por todos compartida y que por tanto tiempo estuvimos arengando para que el municipio la promulgue. Más aún cuando un hincha fue violado impiadosamente por un canalla y vendedor ambulante que comercializaba llaveros en el barrio de Boedo.

Aproximadamente a las seis PM, se descubre mediante una investigación del programa “Filmamos, Filmamos y algún marmota engrampamos” (que se emite en el canal 216 de la empresa TODO VISION), un vendedor ambulante que ofrecía al público por la suma de pesos seis, llaveros de los principales equipos de fútbol de la Argentina con inscripciones que variaban desde el clásico dale campeón a “los de arriba son gallinas, los podemos alcanzar”, éste señor -si es que se puede decir señor-, al ver que un hombre de unos 37 años, de piel trigueña y calzado deportivo se predispone a pagar con diez pesos un llavero que llevaba los colores del equipo de la rivera y, viendo que no tenia cambio para darle, le ofrece infringiendo claramente la ley; la siniestra posibilidad de darle otro mostrándole disimuladamente y con gesto cómplice uno que decía “Boca Pasion, locura y desenfreno”

Esta persona, alertada por la producción del programa, le sigue la conversación y pregunta “¿que me estas regateando?” A lo cual el vendedor responde “No, es que no tengo cambio por eso te ofrezco los dos por diez”

En eso se apersonan cuatro uniformados que rápida y eficientemente logran desbaratar al malviviente y, luego de esposarlo, proceden a decomisar la mercadería que el delincuente traía consigo.

A veces siento que tal vez la tarea periodística nos hace pensar que todo es muy complejo y que la búsqueda de la verdad es una tarea por momentos imposible, pero son estas cosas las que, a los que amamos esta labor nos hace más fuertes y creer que un mundo mejor es posible. Dedico esta nota a mi madre, a mis colegas y a esos uniformados que día a día dan la vida por una sociedad más justa.




(C)2009 El Queso
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lunes 18 de mayo de 2009

Púdreman II (Los oriundos, la manopla y el ejército de larvas)

Previusly en Púdreman

–¿Doctor Michelle Liéu?
–El mismo.
–Mi nombre es Renato, jefe de este proyecto; soy el que ordenó los piedrazos a su ventana.
–Hubiera telefoneado.




El jefe Renato me pidió las jeringas. Palpé mi chaqueta, sorprendido: todavía estaban en mi poder.

–¿Dónde estamos?, pregunté al entregarlas.

–Al amanecer de Maputo. Y de la raza.

De inmediato, Renato inyectó el líquido de las jeringas en dos manoplas de titanio que culminaban en agujas. Salimos. Desde el jeep, vi ferias precarias que aún dormían, casillas sostenidas por ajena voluntad, zanjas de heces al cielo; todos uppercuts de miseria para mi imaginario cosmopolita.

–Este proyecto, por su magnitud, será conflictivo, pero también apasionante.

Desconocía de qué proyecto me hablaba. Del experimento no podía decir lo mismo. Mi propósito era unificar criterios a escala desoxirribonucleica, creando una generación tolerante a partir de los caracteres genéticos. Advertí al jefe.

–Con tanto trajín, es casi seguro que los reactivos se descontrolaron en las jeringas refrigerantes.

–Mejor así.

Después de varios médanos, alcanzamos una playa con sonidos de tambor. La arena blanca fue llenándose de gente. Conté más de una centena de oriundos dispuestos a cooperar. Llegaban, les colgaban un número y de inmediato, iniciaban un baile poseso. Vi piernas largas danzar hasta los dedos, sentí a los tambores retumbar en mi pecho. Aprecié cómo el sol se bamboleaba al compás del oleaje de voces. Eran gritos impacientes cuando el jefe Renato se plantó de espaldas al mar. El sol a su izquierda, luego a su derecha; se apagó en el agua y volvió a amanecer. Levantó sus manos: ellas exhibían las manoplas inyectables. Recitó una suerte de verbúm mirando al cielo y agitando las muñecas:

Sisteman has begin right!
Left Pudreman was here!
Here Was rights Pudreman?
Sisteman’s left has begin!

Las venas de sus brazos circulaban al límite. Sólo una manopla cayó en la arena, y el jefe bajó la vista en dirección de los oriundos. Apenas sonrió.

Los tambores se detuvieron. Todos dejaron de bailar y se observaron entre sí. Desesperaron. La suerte no acudió para ellos. La mitad menos uno corrió hacia el mar, metiéndose a zancadas entre las olas. Otros volvieron a su trabajo; todos a su destino. Renato contempló a los que nadaban. Los más alejados, mientras braceaban con fuerza, aullaron cuando sus miembros fueron desgarrados por tiburones hambrientos. Recuerdo los chorros escarlatas contra el horizonte, que se volvió purpúreo. Sobre la arena se proyectó una gran sombra. Una nube de pájaros silenciosos se desbarrancaba del cielo. Sus alas detuvieron el batir y el planeo se tornó insoportable. Los picos se clavaron uno a uno en el pecho de los que huyeron: hicieron un sonido hueco al traspasar la carne magra. Cuando nos aburrimos del espectáculo, el jefe y yo registramos al único muchacho que permanecía en la playa. Llevaba la cara pícara, expectante. Sus manos frotaban con ansiedad unos muslos flaquísimos. De su cuello colgaba el número setenta y dos. El universo pareció moverse en cámara lenta cuando el jefe Renato hizo un ademán e le incrustó la manopla, en una contracción interminable, haciéndole ver chispazos de dolor. Y el latido de los tambores volvió desde el mar. Cuando el jefe Renato retiró la mano, no llevaba la manopla. En el relámpago más profano de la acción, la colosal mano del negro estuvo dentro del muchacho.

Costillas abajo, en el centro del abdomen.

El joven setenta y dos se llamaba Didié Tze Tonga, y no murió: permaneció de pie, con los ojos en blanco hasta que la arena lo tragó. Descendió por catacumbas indigentes hasta chocar con las entrañas mismas de su realidad. Fue esclavo de esclavos en una fábrica de encendedores de mala terminación; viajó a una velocidad descabellada por los límites de la explotación, rodeado de luchas fútiles y rebeliones repelidas. Murió de hambre y volvió a nacer tres veces, sin hartarse del moebius terrenal. Se apartó de la cosmovisión monopólica, tuvo la certeza del bien común y fue castigado duramente por el delito de pensamiento; fue corrompido por agentes blanqueadores que pretendieron limpiar su pasado a cambio de un básico irrisorio. Le ofrecieron blanquear hasta la piel.

Fue Didié Tze Tonga en Mozambique, Doscientos Dieciséis en Filipinas, Natalia Natalia en Indonesia. Acarreó su sangre (su única propiedad) y se rehusó a derramar sangre ajena. Hasta que un barco de containers lo derivó en el puerto de Gúdwinds.

No tardó en adaptarse: allí todo parecía fermentado. Una niebla verdosa, apenas aguijoneada por edificios, rellenaba túneles y cafés. Los gusanos irrumpían en cantidad por los canteros, victoriosos. Muchos fueron aplastados por los pies de Didié Tze Tonga, quien no perdió la costumbre de correr descalzo por las banquinas. Consiguió trabajo de vendedor de cadenas de oro peruano, que tintineaban en su morral la tarde que lo aquejaba un intenso dolor abdominal. Venía del hospital, donde le recetaron Ibuprofeno y cuarenta y ocho horas de reposo.

Ya en el patio de la pensión donde paraba, extravió los ojos en el vaho. Unas ranas croaban camufladas en los juncos del baldío contiguo. Didié Tze Tonga procuró desenredar sus cadenas y contar los anillos por vender. Pero el dolor le hizo pensar en acostarse pronto, no sin antes visitar a Zusana, a quien amaba en una habitación contigua. Después de cumplir con el amor, entró con dificultad en la galería de los anafes tomándose el bajo vientre. Fue directo a la heladera comunitaria, extrajo una botella y bebió su contenido con avidez. Al regurgitar el último trago, Didié Tze Tonga tuvo una presión sobre la cabeza que nubló su visual. El mundo se llenó de fantasía, cuando acudieron a su organismo puntadas provenientes de un solo lugar.

Costillas abajo, en el centro del abdomen.

–¡Zusana, ayudáme! gritó, pero no fue escuchado. Se tambaleó por el pasillo hasta los baños comunitarios, chocándose contra algunos marcos de puerta. En su conmoción, Didié Tze Tonga entró corriendo al baño de uno por uno y se abrió el vientre, enterrándose la punta de un lavatorio cuadrado.

El dolor fue insondable: giró y cayó, envuelto en un grito antepasado. Intentando detener la hemorragia, introdujo su puño en la herida. Tocó una superficie fría entre sus vísceras. Las paredes se volvieron oscuras y los segundos, décimas. Sin embargo, todo adquirió sentido cuando se extrajo la sanguinolenta manopla. Y más aún, al colocársela exclamó:

– ¡Ya me pudrí!

Su barba creció sin parar durante tres metros. Encalveció en un instante y las uñas se le ensuciaron. Las ranas del baldío contiguo saltaron la medianera y fueron a su encuentro. Con las ropas de unos pensionados ex-linyeras, caminó erguido hasta su habitación y se diseñó un traje. Pero algo extraño le ocurrían a los objetos en su presencia. Se acostó y entre las sábanas, bajo su espalda, creció un extraño musgo verde, con alto poder de tumefacción. Durmió sin imágenes. Cuando despertó, observó iracundo a su alrededor: la habitación parecía una selva tropical fumigada con pesticida radioactivo. Las manchas de humedad, en las paredes, parecían cobrar vida cuando Didié Tze Tonga se acercaba. Fue hasta el baño comunitario a mirarse en un espejo; éste se llenó de burbujas que explotaron, haciendo saltar la pintura plateada. Caminó hasta la heladera y la abrió, usando las agujas de la manopla: Tuvo que retroceder ante el ejército de larvas que se había criado durante la noche. Fue a buscar a Zusana, pero allí no estaba. Advirtió que la pensión estaba desierta. Luego, retornó a su habitación y se acostó. Llevaba puesta una profunda depresión.

Prendió el msn news: “APARECIÓ PÚDREMAN”, era el titular con placa roja. “Los vecinos de una pensión de New Pompei abandonaron en la noche de ayer el establecimiento hotelero clase D. “Los vecimos aseguran que las paredes se derretían al paso de este sujeto –declaraba el Ombudsman de la ciudad, un hombre de bigote amplio. Mirando a cámara, culminó– Su propiedad corre peligro… ¡No permitamos que nos llene de inmundicia!”

Didié Tze Tonga tardó en darse cuenta que hablaban de él. Cuando lo hizo gritó:

–¡No! ¿Y ahora qué hago?


Continuará... lamentablemente
CPL.

lunes 11 de mayo de 2009

Tengo el gusto de presentarles una nueva sección, la de mi amigo El Queso. Allí, El Queso compartirá los sabores que le dejan esta, su ciudad, por momentos desabrida, por momentos en salmuera.
Déjense llevar por las untadas imágenes de El Queso, y de ser posible, acompáñenlo con un cabernet.

Crónica de Paternal en ruinas

Por El Queso


Como todos sabemos, Paternal es hoy por hoy uno de los centros turísticos mas grandes de Sudamérica, donde se despliegan la cantidad de cuarenta y un Restaurants de comida de autor y mas de doce confiterías bailables. Es, además, el lugar donde un alto porcentaje de turistas provenientes de Europa vienen año a año a disfrutar de sus vacaciones.

La última semana, como es de conocimiento público, apareció en el estacionamiento del conocido y exclusivísimo bar PaloKo una mujer Austriaca de 28 años de edad muerta con dos impactos de bala en la cabeza, cosa que generó gran alarma entre los turistas y la clausura por 45 minutos del afamado local nocturno.

Algunos atinaron a señalar a la famosa banda de los Petisos como autora del crimen, pero la pista mas firme es la que surge de la investigación hecha por la consultora del exitoso Daniel Corazón de León, quien a través del fono voto llego a la conclusión de que a la chica la mataron "para robarle un costosísimo encendedor", ya que la otra opción obtuvo el 46% de los votos con la versión de que “la mataron porque no aceptó jugar una partida de pool con un cabo recientemente ascendido de la comisaría del barrio”.

En base a esta investigación, el centro turístico más grande de la Argentina comenzó a experimentar una notable caída, de la que se cree no va a poder salir, y ya casi no se ve al turismo invadir la Av. San Martín ni mucho menos caminar por la peatonal Boyacá. Los comerciantes ya comenzaron a despedir gente y otra investigación de la misma consultora se anima a precisar con textuales palabras “El año que viene no queda ni el loro…¨ Como expresara el periodista Facundo Pastor en el programa del domingo pasado.

miércoles 22 de abril de 2009

Amigos de Cuentosparalimar.com

A falta de facebook (Limar no me aconseja abrir uno), les presento algunos de los amigos de Cuentosparalimar.com
















Minimal política

¡Ay, Solange, cómo te perdiste la fiesta de las raíces! Si volvieses a tiempo, reconciliada con tu origen, hoy serías una feliz sudaca, ja ja ja ja ja. Me apasiona lo que contás, que se haya sentido allá...

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jueves 26 de febrero de 2009

jueves 22 de enero de 2009

Las crónicas del plasma

No habrá esófago que contenga el reflujo gástrico cuando tome conocimiento de los atribulados hechos, guarnecidos en el discurrir del mil novecientos cincuenta y cinco. La sociedad reclamó justicia y la continuidad del Estado de Bienestar, pero acostubrada a recibir explicaciones escuetas por parte de Perón, tampoco exigió demasiado a los bombarderos. Solo un periódico de la época abarcó el tema con el críptico: "El plasma ruso cobróse otra víctima, y van...


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miércoles 7 de enero de 2009

martes 23 de diciembre de 2008

Aquí en Plutón, a Papá Noel le decimos "Santa Tos". Todos los años pasa volando en su cuatrineo de propulsión a humo. Santa nos hace toser hasta olvidar las trivialidades, y encima nos bate un mensaje de hermandad.

¡Feliz 09, terráqueos!

desean
Limar y Reno


Santa Tos, el papá noel de Plutón

jueves 11 de diciembre de 2008



Este dibujo podría decir mucho, o podría no significar nada.


No se, Nada... :/

¿Que qué significa para mí? ¿Y para vos?


¿Algo?

Nosotros los posmodernos, preferimos callar y decir...

No sé, nada...


Dibujo de Joaquín Torres García

Las crónicas de Púdreman ( I - El negro, las jeringas y el doctor)

“El ser humano se halla a medio camino
entre los dioses y las bestias”

Plotino








El 19 de diciembre pasado llegó a nuestro suburbio un archivejo extraño y bastante inescrupuloso: un manuscrito en clave. Su autor es Michelle Lieu, un irrefutable neuroanatomista francés. Nos induce en la versión paralela a los hechos ocurridos en la ciudad de Buenos Aires en diciembre de 2001, los cuales indican afirmativamente que durante diez días tuvo otro nombre, para mantener su soberanía convertible y de curso legal. Mas leamos a Michelle Lieu:




*

“Ése día, antes del ataque a mi laboratorio, creí haber desgajado la última cáscara del hombre. Por años especulé, febrilmente, girando sobre mi tesis: “si logro un cultivo que anule primero y fagocite después los impulsos sinápticos opuestos, llegaré al utópico Principio del PCC (Pensamiento centrado concreto)”. Una entrada distinguida a la plenitud de la humanidad.

Al amparo del formol me esperaban dos hemisferios de masa encefálica. Hundiendo el escalpelo hasta la región primitiva o “cerebro reptílico” –centro de las conductas rituales, territoriales y agresivas–, extraje la sustancia gris. Luego, puse mi atención en la glándula pituitaria, matriz del “cerebro límbico” o medio, regulador de las funciones senso–perceptivas o emocionales. Reuní muestras de cien cerebros, relacionando entre sí a las células de idéntica región, y levanté la temperatura de los cultivos. Tenía la certeza de poder aislar la materia de ambos grupos y fortalecerlos hasta volver sus ideas, insobornables.

Por el ventanal de mi estudio, disfruté de un crepúsculo nubloso en Saint Étienne.

A través del microscopio, analicé las cepas de pensamiento. No solo no se amalgamaban, sino que las mismas clases celulares, evolucionaban velozmente hacia la interdestrucción. Sin importarme siquiera la posibilidad del fracaso, subí abruptamente la temperatura hasta los 240ºF, fue cuando se formaron los microhomúnculos.

Fascinante, pensé. Duplicarán mi presupuesto, me tentarán con terrenos en Basora y mini tarjetas de crédito. Es comprensible… Mi trabajo hacía realidad el específico de las ideologías inyectables.

Coloqué los microhomúnculos en dos jeringas térmicas, bien identificadas con las etiquetas Límbico y Reptílico. Mi propósito era llevarlas al Congreso de Neurociencias, en Praga al año siguiente. Antes, estudiaría las nuevas cepas de pensamiento, su capacidad fagocitación y condicionamiento a células de cerebros ajenos. En ello estaba cuando el ataque ocurrió.

Escuché chasquidos, adelante, en la casa. Parecían ser muchas las piedras rompiendo mis ventanales, contra un fondo de portazos y botas rechinantes. Sobresaltado, trabé las compuertas del laboratorio, tomé las jeringas térmicas y corrí.

Intenté escapar por el jardín. Mientras esquivaba unas reposeras, en la pileta enmohecida se reflejaron unos fuegos de artificio. Que yo sepa, esa noche no había nada que festejar. Salté un tapial y me aventuré por el pasaje Jaboulay. Me aprehendieron en éste y el Bvd. Montpellier. Bah, me invitaron a subir al auto y accedí, algo que comúnmente se hace a punta de pistola.

En el auto me encapucharon cual terrorista. Acomplejados… creí de ellos. De todos modos, mío fue el error: tuve que haber aceptado las acciones de oro, los terrenos, vender la licencia y abrirme.

Pero me involucré. Hasta el final.

Privado de la visual, mi cerebro interpretó sonidos de furgón, de bar, de avión, de ruta pedregosa. Cuando tuve sed, me dieron algo parecido a un daiquiri de kiwi, aunque con poco alcohol. Cuando al fin me quitaron el tabique, tuve de frente a un hombre de tez mineral, altísimo, de mirada penetrante. Me sonrió, llevaba los dientes de oro. Sus dedos eran como racimos de bananas. Vestía una gran bermuda verde, con motivos de pipas envolviendo hoces. Traía puesta una camisa con logotipos de los laboratorios que había rechazado. Comprendí.

–¿Doctor Michelle Lieu?, preguntó el gigante hombre negro.
–El mismo.
–Mi nombre es Renato. Soy jefe de este proyecto. Además, he sido yo quien ordenó los piedrazos a sus ventanas.
–Hubiera telefoneado…









Prontamente, más crónicas.
© CPL

miércoles 3 de diciembre de 2008


PlutoEl cielo de los barrios periféricos

El Candazo

El nene tenía cinco años la primera vez que vio el Candazo. A pesar del repicar de su dentadura de leche, se quedó espiándolo a través de la rendija de la persiana, después de un rato si, no se contuvo y gritó...


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jueves 27 de noviembre de 2008



(alt + 16) Adoquines de Buenos Aires


Los has visto allí, encimados, como festejando un gol de Román.

Construyamos el Castillo soñado en La Paloma, o empedremos el campo...

Qué placer da el masaje vehicular sobre unas piedras bien colocadas.


R.L., San Cristóbal, noviembre 2008

Anticuento desesperado acerca de los últimos momentos de Pancho Estertor

Antes de irse, Pancho Estertor revisó sus doce letras, la higuera del patio y el contenido de unos boxers apolillados. La noche anterior, más de quince veces se abrazó al televisor, la superchería de los avisos comerciales le hizo perder la templanza y qué quilombo armó en su mansión derruida de Barracas.


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martes 18 de noviembre de 2008


Plutón, 2008, barrio con cielo plastificado

Involuta

Wake up, Mercy…




19/11/01 23:40

El oficial Velázquez observó al detenido con dureza. Luego, formuló preguntas que escapaban la rutina:

¡¿Quién le vendió la motosierra?!

¡¿Llegó a leer lo que decía el libro miniatura?!

El cursor titiló sin caracteres en el monitor. Todas las venas se dibujaron posibles en la frente del esposado, quien mostró una expresión que detrozaría cualquier tensiómetro. La sala de interrogación era un jardín de cables y elementos de precisión. El oficial Velázquez dio media vuelta una silla metálica y se sentó, haciendo un ritmo de Bossa’n Stones con los pies. Amenazó:

–Buoh… Si no colabora…

Era necesario se declare culpable. Sin esperar respuesta , el oficial conectó dos ventosas en los antebrazos del detenido, cuyas prolongaciones o cables se perdían dentro de una pared. Del otro lado del vidrio, el técnico criminalístico Marshall Gattenzo sorbía un tiznado café:

–Ahora verán que habla… –murmuró.

De pronto, la mano de Gattenzo apretó inconsciente el vaso de plástico y el café se desparramó en el piso. Hizo foco en la cabeza del esposado, donde brotaba un humo rojo. Sentado en una silla corroída por termitas y en contra de su voluntad, la cabeza humeante hizo realidad su profética misión.

Había leído las palabras del libro.




Dos letras desgarraron su pecho desde adentro, en tres grandes tajadas. De inmediato se levantó rompiendo todo y palpó su pecho: la respiración brutal y la certeza de que ser llevado por una pulsión irrevocable, un impulso thanatico prefigurado y brutal. Abrió su mirada, corrió y se arrojó de cabeza contra el espejo, con una fuerza tan sobrenatural que el vidrio simplemente estalló. Con el mismo impulso prosiguió su camino horizontal en el aire, llenando de sangre su rostro y sus brazos. Alcanzó con sus manos el cuello del técnico criminalístico Marshall Gattenzo y lo giró hasta romperlo. Con prontitud, el oficial Velázquez apuntó al poseso y lo mató. Su sangre y la de Gattenzo borraron de una vez las palabras del pequeño libro.






19/11/01 18:57

Llegó a su departamento disgustado. Había pasado tiempo desde el génesis en su insípida búsqueda de horizontes. Y su dedicación actual era el regocijante sufrimiento que causa lo improbable. Levantó la persiana y prendió una hornalla, convencido de preparar una depresiva infusión y escuchar una y otra vez un disco de Coltrane. Tildado observó la heladera, de donde pensaba extraer un sachet para beberlo del pico. Cuando iba a abrir el congelador, una de las persianas se desenrolló y cayó con un estruendo. La levantó; se quedó contemplando en la ventana cómo las personas parecían enanos desde el cuarto piso.

Salió del letargo cuando el departamento comenzó a latir. La sorpresa se transformó en temor cuando advirtió que dentro de la heladera, en apariencia, había algo vivo. Los latidos crecían al ritmo de su miedo. Escuchó golpes intermitentes dentro de la heladera. De inmediato, se reprodujeron en su estómago las vibraciones de un clavicordio que provenía de la nada.

Caminó sobre baldosas móviles hasta la heladera. La abrió.

Su rostro tomó expresión de pánico y retrocedió, presa de nauseas. Dentro de la heladera había un brazo, seccionado desde el hombro, cuyo puño golpeaba frenéticamente una chapa desvencijada. Era un brazo estilizado, con largos dedos y las uñas pintadas con esmalte de brea. Sostenía algo entre las extremidades contraídas. Después del shock, se recompuso y trató de averiguar lo que había entre los dedos. Era un libro de tamaño miniatura. En el lomo leyó “In Persecutione Involuta”. Lo abrió:

“Victimario destino Involuta: jamás Víctima. Victimario-Involuta-Víctima. Orden puede variar: el Victimario vence. Involuta descansará en paz con venganza de Víctima. Víctima-Involuta-Víctima.VictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictimaVictimavictimariovictimavictimavictima”


No comprendió aquellas palabras, pero tampoco pudo pensar: un sonido de motosierra irrumpió en el baño. Corrió hasta allí, tiró del picaporte, desesperando: no abría. Escuchó gritos, paulatinamente devinieron en chillidos. Parecía mucha la gente adentro del baño, corrían en círculos por las paredes y el techo. Del otro lado de la puerta, llegaron opacadas las risas de unos niños supuestos. Con un martillo golpeó el picaporte, pateó la puerta y entró.

Reconoció el par de piernas que colgaban en la pequeña ventana de la ducha, secándose al sol.

Reconoció el torso flaco sobre el lavabo, con un único brazo, bajo los filos de una motosierra aún caliente; un reguero de aceite hasta el inodoro, donde yacía una cabeza boyando en el remolino continuo. En su frente, dos letras en tres tajadas:

I V

Después de tomarse la boca, juntó las partes del cuerpo y lo abrazó, llorando. Mercy, su enamorada incomprendida. Alcanzó a escuchar unos golpes en la puerta de su departamento. Después, no escuchó más nada.






19/11/01 12:15

–Ya te dije… ¿te gusta que te humillen? Fue lo nuestro, no llames más.

–Pero… me conocés: soy como una flor que se enrolla hacia adentro, toda llena de amor para vos. Ya nos reconciliamos doce veces –argumentó Mercy–; no me podes dejar así nomás, yo hago lo que quieras por vos ¿entendés?

–Aguárdame en línea –respondió el técnico criminalístico Marshall Gattenzo. Luego tomó otra línea, marcó un número y preguntó en lengua sánscrito:

–¿Reverendo?

–Si. Él habla.

–Acaba de reconocerlo –Gattenzo mostró los dientes–, Comenzar, comenzar entonces. No deben quedar pruebas.

–Tranquilidad –de fondo se escuchaba una canción extremista–; darme domicilio de víctima.

A Marshall Gattenzo le cambió el humor y el idioma:

–Escuchame, Padre: te mandé un mail con todos los datos. El nombre, las huellas, la dirección del tipo ése. Tiene que ser evidente… –el técnico criminalístico bajó un cambio y retomó la lengua antigua: – Comenzar.

–Habrá dolor.

–Si… le daré una oportunidad. Háganlo si no coopera.

Retomó la línea:

–Disculpá la demora en línea. Mercy, es preciso que no me llames más…

–Ya sé, por mi bien y el tuyo. ¿Podemos quedar amigos también, no? Es tiempo que nos demos otra oportunidad. No me importa tu indiferencia, y no quiero ser sólo tu amiga. ¡Voy a estar cuando quieras!

–dijo Mercy, quién de inmediato sintió náuseas. Marshall Gattenzo escuchó un forcejeo del otro lado del receptor; la voz espantada de Mercy imploraba piedad y gritaba: “Me quema… ¡hijo de puta!” Percibió que el receptor ya colgaba en el vacío.

Colgó. En la sala de interrogación, el oficial Velázquez ajustaba las máquinas. Gattenzo prendió un puro y miró las noticias: el juicio al Aponeurótico de Tolosa había terminado en un escándalo. Se quedó preocupado. Tomó el teléfono y marcó un número. Iba a saludar en lengua sánscrito cuando la misma voz lo sorprendió:

–Tranquilo, Gattenzo –dijo el Reverendo–, ya trasladamos…

–¿Cómo sabe que soy yo, Padre?

–Tengo Caller I.D. Decía trasladamos Involuta hasta domicilio Víctima, en motosierra.




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martes 11 de noviembre de 2008


Salmón Nueve


Te daré gracias, Limar, con todo mi corazón,
cantaré en tu nombre y contaré todas tus maravillas.


Levántate, oh Limar, que no triunfe el diablillo;
sean juzgados los impíos delante de ti.
Pon, oh Limar, temor en ellos; conozcan que no son sino mortales.

Ten misericordia, oh Limar...
mira la aflicción que padezco a causa de los
que me aborrecen,
tú que me levantas de las puertas de la muerte.

Se rindió la tolerancia ante la obligación;
el culto por ella no se hace al azar,
como el protagonista del siguiente cuento,
ya publicado en www.unbrindisconsalome.com.ar

¡Supervive!

–Ay, la vida che... No tiene el menor sentido...


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martes 4 de noviembre de 2008


Mi, en ocasiones, amigo Reno:

Se descuajeringó mi neocórtex de emoción por tu dedicatoria, pero, dime una cosa: ¿Tu crees que me conformaré con ver el universo en una cacerola? ¡Tu no tienes obligaciones, por ello mantienes la paciencia en los piquetes!

Ok, haré lo que me plazca con tus cuentos. Los susurraré en el subterráneo, al oído de alguna señora coqueta. Los pondré en VozMe.com y enchufaré mi ordenador en alguna voz del estadio, o abollaré sus páginas con solo golpear el monitor.

Los necesito, de veras, Reno. No se qué haría sin ellos. Sin ellos podría hacer la revolución, Reno, la revolución, y no te engaño. Así que, ¿evítamela, si? ¡Vamos, aunque sea una vez por semana, sube un cuento para mí!

Desde Plutón, con ciclotímico aprecio,

Limar

Pernocturro

El empleado de seguridad Johnny L. deambuló por las veredas de “La Ferrere” un buen rato, hasta que se metió en Cachonda’s, casi sin opción...

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